La Festa do Albariño, mucho más que una fiesta

Para montar una fiesta popular sólo hacen falta dos cosas, algo que celebrar y música. Son los dos ingredientes básicos del 99% de las fiestas que conocemos. La Festa do Albariño no es una excepción. Nació a mediados del siglo XX como una competición para determinar cuál era el mejor vino albariño de Cambados, pero a lo largo de su historia ha ido evolucionando hasta convertirse en un fenómeno de masas, algo que no consiguen todas las fiestas populares. Nadie tiene la fórmula del éxito, pero si la Festa do Albariño ha llegado a ser lo que es hoy se debe a una mezcla de trabajo, buenas decisiones, inversión y suerte.

Las fiestas más conocidas de nuestro país están construidas sobre esos cuatro pilares. Desde que nacen, los organizadores trabajan para dotarla de elementos singulares que logren atraer a más gente. Nacen ideas, se descartan y, finalmente, se ponen en marcha las que tienen más probabilidad de éxito. Después, o quizás durante, se busca la financiación. Por último solo queda esperar a que la suerte ayude a conseguir el objetivo.

El actual gobierno está tan concentrado en borrar todo lo que recuerde a los anteriores del Partido Popular que ha decidido alterar toda la fórmula, incluso lo que funciona. Retirar el apoyo al Capítulo Serenísimo, uno de los elementos singulares de la fiesta, es un error, al igual que no incluir en el cartel musical un grupo de tirón nacional. Argumentar que la negativa del Capítulo de trasladar el acto de investidura a la plaza es un obstáculo insalvable, es reconocer que no hay otras opciones, lo cual no es cierto. Por seguridad, el acto de investidura se puede seguir celebrando en el patio de armas del Pazo de Fefiñáns, pero también se puede instalar una pantalla para que pueda ser visto desde la  plaza.

Despolitizar la fiesta

Las frases simples acaban teniendo significados complejos. El gobierno cuatripartito entiende que la fiesta ha estado politizada, que el Capítulo ha colaborado en ello y, cerrando los ojos al interés general, ha preferido la confrontación antes que la colaboración. Pero acaso politizar la fiesta no es también que el único grupo local que repite con respecto al año pasado sea uno muy cercano al BNG. Politizar la fiesta no es contratar a un grupo de Barcelona, que nadie conoce, pero que tiene muy buena relación con Fátima Abal. Politizar la fiesta no es también que el cartel musical esté compuesto únicamente por grupos y solistas gallegos o internacionales, aunque sean de segundo o tercer orden. Se puede cambiar muchas cosas de la fiesta, pero nunca se podrá despolitizar algo que se organiza y financia bajo el prisma ideológico de un grupo político.

Apoyo al Capítulo Serenísimo

Si el actual gobierno insiste en desvincularse del Capítulo Serenísimo tendrá que ser la hostelería, el comercio y los que creemos en un Cambados mejor, los que trabajemos para que no se pierda esta parte de la fiesta. La Festa do Albariño es un tren que de momento aún circula a buena velocidad, pero si dejamos de buscar nuevos alicientes, de innovar, en resumen, de trabajar, tarde o temprano se parará. La fiesta necesita nuevos elementos, no despojarla de los que ha logrado consolidar. Perder un visitante es fácil, recuperarlo siempre es mucho más difícil.

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